Río al Mar
Saliendo de la angustia las cosas vuelven a tener olor, color, temperatura y dimensión. Lejos van quedando aquellas cosas que me tuvieron casi sin dormir estas últimas dos semanas. Poco a poco voy reencontrándome conmigo misma, mi cara, mi pelo, mi cuerpo, mis cosas. Ésa que no se reconoció aquella noche vuelve a pensar en sí misma en foco.
Parece mentira que ya casi sea primavera... vienen todas esas ropas de colores bobos que detesto: rositas bebé, celestitos cielito, blanquitos insulsos y lilitas afectados. Yo me voy a vestir de verde, rojo, violeta y fucsia. Por supuesto, el eterno negro también.
Ya no soy una nena. Hace mucho que dejé de serlo. Me enferma entonces que las cosas me afecten como a las nenas y querer festejar las alegrías como una adolescente. Pero la melancolía me hace finalmente reaccionar como una mujer a la que le han quitado el jugo exprimiéndole el espíritu, y buscar como acompañante un alma que haya sufrido y haya transitado largos caminos también.
El cielo se abre de nubes, y me avasalla un deseo insoportable de atravesarlo con un avión, o de observarlo desde un ferry que me lleve al otro lado del Rio de la Plata, eterno confidente y amigo. Si cada vez que se llora las lágrimas se evaporan, cuando llueven, llueven al río. Por eso tiene ese color apasionante, por eso es eterno y fluye violentamente: porque es hermoso como las lágrimas, bello como los ojitos hinchados de llanto de un hombre penando justo cuando ella lo descubre.
Parece mentira que ya casi sea primavera... vienen todas esas ropas de colores bobos que detesto: rositas bebé, celestitos cielito, blanquitos insulsos y lilitas afectados. Yo me voy a vestir de verde, rojo, violeta y fucsia. Por supuesto, el eterno negro también.
Ya no soy una nena. Hace mucho que dejé de serlo. Me enferma entonces que las cosas me afecten como a las nenas y querer festejar las alegrías como una adolescente. Pero la melancolía me hace finalmente reaccionar como una mujer a la que le han quitado el jugo exprimiéndole el espíritu, y buscar como acompañante un alma que haya sufrido y haya transitado largos caminos también.
El cielo se abre de nubes, y me avasalla un deseo insoportable de atravesarlo con un avión, o de observarlo desde un ferry que me lleve al otro lado del Rio de la Plata, eterno confidente y amigo. Si cada vez que se llora las lágrimas se evaporan, cuando llueven, llueven al río. Por eso tiene ese color apasionante, por eso es eterno y fluye violentamente: porque es hermoso como las lágrimas, bello como los ojitos hinchados de llanto de un hombre penando justo cuando ella lo descubre.

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